
Leo en el New York Times (enlace $) que Angola, uno de los países más pobres del mundo, está entre los tres exportadores de petróleo que más están creciendo en la actualidad. De hecho, es el productor que más está aumentando sus exportaciones hacia Estados Unidos, y en breve será una pieza clave para la seguridad energética de ese país. No en vano, se espera que Angola llegue a producir hacia el año 2011 dos millones de barriles al día, el equivalente a lo que produce hoy en día Kuwait.
Para las grandes compañías, Angola supone una de las últimas reservas abundantes que quedan en todo el planeta, y por ello están pagando grandes sumas de dinero para conseguir una parcela en la que poder plantar el tubo y empezar a sacar crudo. Además de Estados Unidos, en la puja por Angola están también los intereses europeos: la italiana Eni pagó el año pasado 900 millones de dólares para asegurarse sus derechos de explotación, un récord para el sector hasta que la china Sinopec pagó 1.000 millones de dólares por una plataforma frente a la costa angoleña.
Según el NYT, este aumento de las inversiones pone cada vez más de manifiesto la corrupción que reina en el país africano. El año pasado, Angola ganó más de 30.000 millones de dólares gracias a sus exportaciones de petróleo. Al mismo tiempo, el 70% de los angoleños vive con el equivalente de menos de dos dólares -1,5 euros aprox.- al día. Ya sé que este último dato no es noticia (que los africanos son pobres lo venimos oyendo de siempre), pero ¿cuánto cuesta en España un café?

Sin embargo, ese mismo día, el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, se encontraba en Brasil, en la primera escala de una minigira por Latinoamérica para contrarrestar el populismo del presidente venezolano, Hugo Chávez.

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