El pasado día 10 de marzo, los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea cerraron en Bruselas un acuerdo –calificado de “histórico” por el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso– para reducir en un 20% sus emisiones de CO2, el principal causante del efecto invernadero y, por tanto, del calentamiento global. Así, y como medio de lucha contra el cambio climático, la UE también se compromete a que el 20% de la energía consumida en 2020 proceda de energías limpias o renovables. El acuerdo europeo presta especial atención a los biocombustibles, para los que establece un objetivo vinculante mínimo del 10% respecto al conjunto de combustibles consumidos por el transporte también en 2020. ¿Cuántos años tendrás tú en 2020? Yo 43.
En una muestra de voluntad para ejercer el liderazgo a nivel mundial, la UE propuso ese mismo día que la reducción de las emisiones podría alcanzar el 30% si el resto de países industrializados del mundo, como Estados Unidos, China o India, se unen “a nosotros en la lucha contra el cambio climático”, como afirmó Barroso.
Sin embargo, ese mismo día, el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, se encontraba en Brasil, en la primera escala de una minigira por Latinoamérica para contrarrestar el populismo del presidente venezolano, Hugo Chávez.
Allí, el mismo día en que Europa se conjuraba para combatir el cambio climático, Bush firmaba otro acuerdo con el presidente brasileño, Lula da Silva, para impulsar la producción de etanol como energía alternativa al petróleo. Según Lula, este acuerdo supone “una alianza estratégica que nos permitirá convencer al mundo de que es posible cambiar los hábitos energéticos”. Gracias a este acuerdo, Estados Unidos se asegura la amistad de un socio de vital importancia para el futuro: Brasil es el principal productor de etanol del mundo. Juntos, ambos países representan actualmente el 70% de la producción mundial de este biocombustible.
Actualmente, el precio del barril de petróleo está sobre los 60 dólares (el récord creo que está en 72,14, la marca se batió en abril de hace un año). Por otro lado, buena parte de las reservas de Oriente Medio (sí, allí donde hay una guerra) empiezan a desviarse hacia Asia, donde el fabuloso crecimiento de China se está haciendo a costa de un uso intensivo de los combustibles fósiles. Así, en 2004, mientras el consumo de petróleo en todo el mundo aumentó un 2%, en China lo hizo casi un 14%. Y la sed del gigante asiático será difícil de apagar.
Desde este punto de vista, la búsqueda de alternativas al petróleo responde, tanto o más que a necesidades medioambientales (hay que frenar el cambio climático), a la necesidad de garantizar el suministro energético a medio plazo. Si el petróleo se acaba y empieza a ponerse caro, más vale hacerse con otra fuente de energía que nos permita seguir circulando.
En este contexto, Europa tampoco deja nada en manos del azar. En el mismo documento en el que se acuerda el impulso de las renovables, el Consejo de Europa insta a seguir desarrollando una “voz común” para negociar un acuerdo de colaboración con Rusia –principal productor de gas natural y segundo en producción de petróleo– y asegurar el abastecimiento de energía a la vez que se intensifican las relaciones entre la UE y Asia Central, las regiones del Mar Caspio y el Mar Negro, claves para seguir disponiendo de petróleo y gas natural unas cuantas décadas más. Al menos en un 80%, ya que el 20% restante tiene que ser renovable.

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