y tú más

Andan estos días reunidos en Bangkok los miembros del IPCC (el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de Naciones Unidas) para aprobar, línea por línea, párrafo a párrafo, el que será el tercer informe en lo que va de año sobre el famoso calentamiento global. En esta ocasión, y tras certificar la evidencia del cambio climático (primer informe) y advertir sobre sus consecuencias (segundo informe), el IPCC propondrá medidas para mitigar su impacto. Y de nuevo, parece que las reuniones no están siendo nada pacíficas.

La delegación china, por ejemplo, ya ha presentado más de cien enmiendas al borrador sobre el que se está trabajando. Tampoco Estados Unidos –el principal emisor de CO2 en el mundo, aunque pronto China le arrebatará el honor– se muestra muy por la labor. Sin ir más lejos, su presidente, George W. Bush, volvió a negarse el lunes a establecer recortes para las emisiones con el viejo pretexto de que con ello la economía de su país se vería perjudicada. Ambos países lucharán hasta el último momento para poner en duda las conclusiones de los científicos.

La beligerancia china es la propia del niño al que no le quieren dejar hacer lo mismo que hacen los demás en el patio del colegio. Su economía crece a marchas forzadas, al igual que crece su sed de energía. La mayor parte de esta energía la obtiene a partir del carbón, un combustible fósil aún más contaminante que el petróleo. Un tercio del país (que no es poco) está sufriendo los efectos de la lluvia ácida. En otras palabras: China es la versión sin corregir pero ampliada del modelo de desarrollo económico del primer mundo. Piensa si no en la piratería, la falsificación de ropa, bolsos y gafas de marca, en los zapatos. En China las cosas se hacen a lo grande.

Visto así, resulta fácil de entender que China se niegue a parar máquinas. China no está dispuesta a renunciar a todo aquello que nos hizo ser el “primer mundo”, a perder el tren de la modernidad. Más aún cuando el matón del patio del colegio, Estados Unidos, sigue como si nada ante la mirada de la bienintencionada pero impotente profesora europea.

PD: Estados Unidos también dice que no piensa hablar de recortes en las emisiones de CO2 hasta que China e India reduzcan las suyas. Una actitud muy adulta, también.

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