Informe Lugano
Susan George, 1999. Icaria Editorial
“La política del siglo XXI no se ocupará del reparto del pastel, como ocurrió en la era del Estado del Bienestar posterior a la Segunda Guerra Mundial; ni siquiera se ocupará de quién puede dar órdenes a quién. La política girará en torno a la empresa de enorme gravedad de seguir vivo. Ésa es la esencia del Informe.”
En 1998, fecha en la que los expertos del Grupo de Trabajo entregan el Informe Lugano a los Solicitantes, el mundo producía en menos de dos semanas el equivalente a toda la producción física del año 1900. En 1998 ya había señales claras de que la economía podía quebrar bruscamente, en un crack igual o peor que el del 29. Y en 1998, la pobreza ya daba signos de provocar tensión social, emigraciones masivas, violencia y terrorismo.
El aumento crítico de la población llevará tarde o temprano a la lucha por los pocos recursos restantes. “Partiendo de la base de las cosechas actuales” afirman los autores del informe, “el mundo sólo puede alimentar a algo más de 3.000 millones de personas, aproximadamente la mitad de las que viven en la actualidad”.
Así, fomentar o facilitar la guerra, el hambre y la enfermedad serán las principales soluciones propuestas para acabar con el actual excedente de habitantes en el planeta. La muerte se deberá dar preferentemente en los países más pobres, entre los perdedores, ya que de lo que se trata aquí es de preservar a toda costa el “sistema capitalista globalizado de libre mercado”. En la carta de entrega, los autores dejan constancia de lo duro que fue en ocasiones redactar las recomendaciones para salvar el sistema, descritas fríamente en el informe bajo el nombre de ERP, Estrategias para la Reducción de la Población.
Susan George publicó el Informe Lugano en 1999, dos años antes del 11-S. En el libro, el Grupo de Trabajo recomienda a los Solicitantes mantener a la población enfrentada entre sí, peleada por cuestiones de identidad y ajena a lo que realmente importa. Y la vía más rápida para dividir a la población es, afirman, “asegurarse de que un número suficiente de miembros del Grupo X son humillados o asesinados por el Grupo Y (o crean que lo son).”
Sin embargo, hay un asunto que el Grupo de Trabajo destaca en su informe y que no da señales de estar arreglándose, algo que según el propio Informe Lugano puede poner en peligro la supervivencia del capitalismo. Sus autores se refieren al problema como el rompecabezas chino.

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