Llevo tiempo preguntándome cuál es la postura de las grandes petroleras ante el pico del petróleo. Me resulta imposible creer que no hayan leído ningún artículo en la prensa ni ninguno de los libros que incluso yo me estoy leyendo, ni visto un documental en la tele u ojeado un triste informe alertando sobre el fin del petróleo. Según tengo entendido, el poder de las petroleras (las cantidades industriales de dinero que ganan cada año) sólo puede conseguirse conociendo muy bien cómo funciona el mercado. En mi opinión, si hay una industria que personalice el capitalismo salvaje –siempre beneficios, crecimiento infinito a cualquier precio– ésa es la petrolera, dispuesta hasta a montar una guerra para conseguir su materia prima.
Por eso, no me creo que las grandes petroleras no tomen en consideración el pico del petróleo. Sus dirigentes tienen que mirar siempre por su bien (y quién no), y la posibilidad de quedarse sin petróleo algún día tiene que animarlos sin duda a buscar otras oportunidades de negocio. Cuando leo acerca del pico del petróleo, las petroleras se describen a menudo como viejos locos y avariciosos incapaces de ver más allá del beneficio a corto y medio plazo. No sé, a mí esa imagen no me cuadra con alguien que ha llegado tan lejos en dominar el mundo.
La británica BP (British Petroleum), por ejemplo, hace años que se rebautizó como Beyond Petroleum, apostando sobre todo por la energía solar –tienen instalaciones en más de 160 países– pero también investigando en la eólica –dos granjas de aspas en Holanda– y el hidrógeno.
Shell, por su parte, asegura en su web que
Shell aims to develop at least one alternative energy source into a substantial business
las eco-energías también pueden ser negocio. En este caso, en Shell apuestan claramente por la energía eólica. La compañía ha invertido en la construcción de un gigantesco campo de aspas a 10 kilómetros de la costa holandesa, y también anda metida en un proyecto llamado London Array, que pretende proporcionar el 25% del consumo eléctrico de una ciudad como Londres.
En España, por la parte que nos toca, Repsol YPF está con el biodiésel, poniendo dinero –300 millones de euros– para la construcción de plantas en España que produzcan un millón de toneladas al año de este biocombustible.
Pero también es verdad que no toda la industria se está buscando la vida para cuando se acabe el petróleo (o para cuando empiece a quedar menos, que viene a ser lo mismo). Leo en la CNN que la estadounidense Exxon Mobil, la número uno del mundo, no se preocupa en absoluto por las energías alternativas y hace oídos sordos a las exigencias ecologistas y el famoso cambio climático. Para Exxon, el negocio sigue estando en el petróleo, ya que los combustibles fósiles –aseguran– seguirán suministrando el 81% del total de energía para 2030 y no menos del 70% para 2100. Y como se dice en el artículo de la CNN,
Exxon understands the essence of capitalism
ellos sabrán porqué.
Hoy he estado hablando con un empresario que se encontraba en plena experimentación de Biobutanol. Supongo que estarás al corriente de lo que se trata, yo lo he considerado muy interesante: un combustible hecho a base de cereales que es un sustitutivo exacto para la gasolina. O sea, que un coche normal y corriente (el mio) podría utilizar biobutanol hoy mismo sin necesitar ningún cambio o adaptación al motor, incluso mezclándolo con la gasolina convencional, por lo que no haría falta ni siquiera vaciar el depósito antes.
Me ha dicho que solo dos empresas están investigando el tema en nuestro país, y cuando le he preguntado por qué no se utilizaba me ha contestado que justamente las investigaciones físico-químicas han concluido, lo que están investigando ahora es la viabilidad económica. Lo de siempre…
Algo había leído sobre eso (sustitutivos exactos de la gasolina) pero no bajo ese nombre, biobutanol. ¿Cómo se llaman esas empresas? Yo de España estoy fijándome en lo que hace Abengoa…
mercis!