
Creo que a los osos polares deberían hacerles un monumento. Hacerlos mascotas oficiales de la lucha contra el cambio climático o algo así. No hay nada que dé más pena que un oso polar, todo blanquito él, ahogándose mientras intenta descansar sobre un trozo de hielo que se hunde. Deberían hacer con ellos llaveros, mochilas, peluches, pegatinas para el coche. Ahora que lo pienso, creo que incluso ya están en ello. Sí, claro, podría ser Knut, el simpático osito polar alemán.
En cualquier caso, no me ha dado tiempo a escribir sobre nada más y ya están aquí los osos polares para llevarme la contraria. Si en la entrada anterior escribía que las petroleras no encontrarían oposición -o al menos no tan sangrienta como en otras partes- para empezar a buscar crudo en Alaska, ahora leo en el Guardian que un grupo de indígenas de Alaska (¿cómo se llaman? ¿alaskianos? ¿esquimales?) ha conseguido frenar las pretensiones de la petrolera Shell.
En alianza con los ecologistas, esta insurgencia en defensa de los hielos de Alaska ha interpuesto un recurso contra la decisión de la Administración Bush de permitir los agujeros en la zona. Entre sus argumentos, aseguran que los osos polares ya están en suficiente peligro de extinción por culpa del cambio climático como para soportar una agresión más. También hablan de las ballenas, a las que el ruido de los trabajos de búsqueda podrían desorientar en sus rutas migratorias. Como respuesta, Shell acepta el envite y asegura que Alaska es una “inversión a largo plazo” para la compañía.
Petróleo contra cambio climático. La vista está marcada para el próximo 14 de agosto.
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Vaya, Knut es una monada! Me ha gustado la relación del cambio climático con los animales, le da un tono más cercano al blog.