
Septiembre ha empezado con noticias sobre la subida del precio del pan, los huevos, la leche, la carne… Lo último ha sido hoy mismo en Italia, donde asociaciones de consumidores han convocado un “día sin pasta” como protesta por el “aumento injustificado de los precios de alimentos de primera necesidad”.
El culpable de esta situación es el encarecimiento del precio de los cereales, eso que crece en el campo y que constituye la materia primera (es decir, la energía) que nos mantiene sobre el planeta. Hablo de nosotros como especie: todavía no ha nacido nadie que no necesite comer. A muchos les ha faltado tiempo para acusar a los biocombustibles, esa mierda que le quieren poner ahora a los coches porque dicen que hay cambio climático. Los que los fabrican, lógicamente, dicen que la culpa de que los cereales sean más caros no es sólo suya, ya que también influye -y mucho- en su precio la industria de la alimentación. Con los cereales, si no se acuerdan, se hace el pan y se da de comer a los animales, eso que a su vez nos comemos luego para seguir trabajando.
Este es un problema global, es decir, que si un país tiene una mala cosecha (pongamos que ese año hizo mal tiempo) saldrá a comprar los cereales de sus vecinos, quienes a su vez, si tienen muchos pretendientes, acabarán vendiendo sus excedentes al mejor postor. Aquí en España, el Gobierno investigará si ha habido un pacto entre productores para subir precios violando las leyes de la competencia, y vigilará para que no se produzcan “acaparamientos o comportamientos anormales” en el país.
Un esfuerzo prácticamente inútil, ya que como se ha dicho antes, este es un problema global. No queda lejos el día en que los “acaparamientos” y los “comportamientos anormales” se produzcan a gran escala, entre países, no sea que un día se quedasen sin alimentos o gasolina, valga la redundancia.
Este blog se actualiza menos que el catálogo de La Cartuja de Sevilla! Jaaaarl!!