Monthly Archive for Octubre, 2007

el bueno de Al Gore (II)

El bueno de Al Gore fue noticia la semana pasada. Nobel de la Paz y Príncipe de Asturias, Gore está en la cresta de la ola. El ex vicepresidente es uno de esos personajes públicos que fácilmente resultan odiosos. Sus detractores (porque los hay), le acusan de forrarse dando conferencias (200.000 euros por el pase de power point), de contaminar volando en su jet privado e impedir el trabajo de los periodistas. Gore no concede entrevistas ni ofrece ruedas de prensa. Tampoco quiere muchas fotos.

Gore fue noticia la semana pasada porque vino a España a recoger el Príncipe de Asturias de Cooperación. Bueno, vino a eso y también a dar tres conferencias (Palma, Barcelona, Gijón) e impartir una master class en Sevilla a los nuevos reclutas hispanos del “ejército verde”. En siete días ésta fue más o menos la agenda del señor Gore:

Lunes 22 octubre. Conferencia en Palma de Mallorca durante el X Congreso Nacional de la Empresa Familiar.

Martes 23. A primera hora de la mañana, conferencia en Barcelona durante la inauguración del Congreso Inmas Forum. Por la noche, conferencia en Berlín durante un congreso del consorcio energético EnBW. También aprovecha el viaje para ver a la cancillera Merkel.

Miércoles 24. Gore visita Viena para reunirse con el canciller federal austríaco, Alfred Gusenbauer, y pronunciar una charla durante un encuentro empresarial sobre el uso de las nuevas tecnologías para combatir el cambio climático.

Jueves 25. Por la mañana, conferencia en el Teatro Jovellanos de Gijón dentro del programa de actos de la Fundación Príncipe de Asturias. Después, Al Gore viaja hasta París para reunirse con el presidente francés, Nicolas Sarkozy.

Viernes 26. De vuelta a Asturias, discurso y recogida del Premio Príncipe de Asturias en Oviedo.

Sábado 27 y domingo 28. Al Gore forma en Sevilla a 200 españoles elegidos para convertirse en los “nuevos líderes del cambio climático” dentro de The Climate Project, un programa de entrenamiento intensivo impartido por el propio Gore.

A pesar de tanto acto público, poco se sabe de lo que va diciendo Gore por ahí. Y no me refiero a lo que suelta en sus conferencias (para saberlo basta con ver Una verdad incómoda), sino a lo que tal vez es más interesante: a cada país que visita para dar una charla, Gore es recibido por el presidente de turno. ¿De qué hablará Gore con Sarkozy, Merkel, Zapatero y compañía? ¿Qué consejos les estará dando el gran profeta del cambio climático?

Su oportuna “mini-gira” europea llegó días antes de que los ministros de medio ambiente de la Unión Europea fijaran la postura del Viejo Continente frente a la próxima reunión de Naciones Unidas en Bali, momento en que se negociará el futuro del protocolo de Kioto.


En anteriores capítulos: el bueno de Al Gore

esos autos locos

En cualquier momento de este otoño, la Generalitat catalana pondrá en marcha el nuevo límite de velocidad para la llamada primera corona de Barcelona (16 municipios que rodean la capital). Serán 80 kilómetros por hora que se tendrán que respetar en carreteras, autovías y autopistas, donde el límite que nadie respeta está ahora en los 120.

El motivo: corriendo menos con el coche podremos reducir hasta un 25% las emisiones de CO2 de aquí a 2010, incluso un 30% si en la segunda corona (24 municipios más) no se pasa de los 90 kilómetros por hora. La contaminación, además de fastidiar al medio ambiente perjudica la salud, y si la redujéramos ni que fuera un 20% en Barcelona evitaríamos la muerte de 1.200 personas cada año.

El nuevo límite se aprobó a principios del verano, y ya entonces se puso el grito en el cielo. Se dijo que era una medida recaudatoria (más multas para los sufridos conductores), una burla para los que cada día se chupan atascos (ya querrían ellos circular a 80 por hora de ida o vuelta al trabajo) y una solución inútil al problema de la polución, ya que a 80 kilómetros por hora se consume más que a 100-120, por lo que al final acabaremos contaminando más.

Esta última afirmación, sin embargo, no es del todo cierta. En la autoescuela nos enseñaron a llevar el coche bien revolucionado para que no se calara nunca, a frenar reduciendo ruidosamente y a apurar las marchas para conseguir la mejor aceleración.

Definitivamente, un coche consume bastante más si se conduce a 80 km/hora en tercera o cuarta que haciéndolo a 120 en quinta. Pero el caso es que la quinta marcha sirve para algo más que para ir por autopista. De hecho, tal y como enseñan en los cursos de conducción eficiente que promueve el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (el IDAE, dependiente del ministerio de Industria), a partir de los 50-60 kilómetros hora ya se puede meter quinta, y en ese caso sí que se reduce el consumo de gasolina. Y por tanto, se reducen las emisiones.

Seguir o no estos consejos es una decisión personal (aunque en el fondo se esté hablando de ahorrar dinero en gasolina). Pero donde sí no se va a poder elegir es en el nuevo límite de velocidad. Una medida que, de ser coherentes, debería extenderse a otras ciudades españolas, ya que el sucesor del protocolo de Kioto se nos va a aplicar a todos. ¿O se pensaban ustedes que después de apretar las tuercas a la industria nos íbamos a ir los conductores de rositas?

  • Pinchando en el gráfico se puede llegar hasta el Manual de Conducción Eficiente (PDF) que edita el IDAE en las comunidades que ofrecen estos cursos gratuitos en España (que yo haya visto, Catalunya, Navarra, Valencia, Andalucía, Canarias…).
  • Y otra pregunta: ¿sólo yo pienso que mientras se aprueban medidas para reducir el consumo de energía (en este caso, la gasolina) se publican estudios sobre los peligros del cambio climático y el perjuicio de la contaminación?
  • señales de humo

    Supongo que a estas alturas de la película nadie duda de que Estados Unidos –o mejor dicho, George W. Bushpasa olímpicamente de Naciones Unidas y su estrategia para frenar el cambio climático. El último espisodio de este largo divorcio pasó hace unos días, cuando Bush declinó amablemente asistir la reunión sobre cambio climático convocada en Nueva York por Ban Ki-moon, el secretario general de la ONU.

    Allí acudieron jefes de gobierno de más de 150 países, pero no George Bush, quien sólo se presentó a una “cena de trabajo” para hacerse la foto de rigor. Y eso que Ban Ki-moon lo había citado para mostar al mundo “una señal clara y colectiva” de que se va a hacer algo contra el calentamiento global. Pero el presidente Bush ya se había montado la fiesta por su parte… Continue reading ’señales de humo’