Supongo que a estas alturas de la película nadie duda de que Estados Unidos –o mejor dicho, George W. Bush– pasa olímpicamente de Naciones Unidas y su estrategia para frenar el cambio climático. El último espisodio de este largo divorcio pasó hace unos días, cuando Bush declinó amablemente asistir la reunión sobre cambio climático convocada en Nueva York por Ban Ki-moon, el secretario general de la ONU.
Allí acudieron jefes de gobierno de más de 150 países, pero no George Bush, quien sólo se presentó a una “cena de trabajo” para hacerse la foto de rigor. Y eso que Ban Ki-moon lo había citado para mostar al mundo “una señal clara y colectiva” de que se va a hacer algo contra el calentamiento global. Pero el presidente Bush ya se había montado la fiesta por su parte…
Unos días después, George Bush iba a recibir en Washington la visita de representantes de 16 países, naciones que juntas suponen el 80% de la economía global y el 80% de las emisiones contaminantes del planeta. Es decir, Bush reunió por su cuenta, y al margen de la ONU, a los peces gordos del planeta y les dijo que él se toma “muy en serio” el cambio climático y la reducción de las emisiones de CO2. Pero como siempre, se negó a hablar de imponer límites a la contaminación o de firmar nada que se parezca al triste protocolo de Kioto.
Con esto bastó para que los críticos aseguraran que las “palabras de Bush no merecen ni el coste de una llamada internacional”, y que la falta de concreción sobre sus planes para combatir el cambio climático resulta desesperante, una farsa. Pero Bush sí dijo algunas cosas. Habló de carbón limpio
Nos acercamos a un logro histórico: producir energía a través de la primera central de carbón con cero emisiones
y de energía nuclear “limpia y segura” para los países en vías de desarrollo (una solución lógica, pues apena queda combustible para nosotros). Y casi lo más importante, Bush también habló de
promover el libre comercio global de tecnología energética
eliminando las barreras arancelarias para bienes y servicios relacionados con las energías limpias. Eso, viniendo del presidente del país de los negocios, resulta toda una declaración de intenciones. No en vano, mientras Ban Ki-moon asegura que la tecnología para combatir el cambio climático ya está disponible, Bush le responde con señales de humo que sí, pero que antes hay que fabricarla y venderla.
PD: Y para que no se diga que sólo castigo a Estados Unidos, ¿alguien sabe cuál fue la “señal clara y colectiva” que envió Naciones Unidas tras la reunión? Que no hay acuerdo.
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