
Según contaba hace unos días The Independent, el Ártico está liberando millones de toneladas de metano a la atmósfera, un gas 20 veces más potente que el famoso CO2 en eso de sobrecalentar el planeta. Por cierto, ese metano es el mismo gas que los mamíferos expulsamos de vez en cuando de nuestros intestinos. Los pedos, vaya.
De confirmarse la noticia, el cambio climático -esa “moda mediática” ahora sepultada precisamente por las flatulencias del sistema económico- se vería acelerado y sus consecuencias, aún más catastróficas. De hecho, el Ártico se calienta dos veces más rápido que el resto del planeta: el metano calienta más, por lo que el hielo se derrite más rápido, lo que a su vez ayuda a que el metano fluya sin tapones hacia la atmósfera. Como un enorme culo soltando pedos al aire.
Naciones Unidas también recomendaba no hace mucho comer menos carne. La cantidad de animales necesaria para darnos de comer ha crecido tanto que hasta sus flatulencias son motivo de preocupación, pues complican la lucha contra el cambio climático. Los coches sueltan CO2, pero las vacas metano. Y que no le pille a nadie cerca cuando lo hacen.
Se podrá discutir si el hombre tiene parte de culpa o no en esto del calentamiento global (aún hay quien cree que así vamos bien), pero lo mismo que Wall Street está sufriendo ahora las consecuencias de su gula, el hombre se enfrenta ahora a los excesos de su codicia como especie. Y a juzgar por la digestión del planeta, no estamos siendo un plato fácil de digerir.
aumentar la eficiencia disminuye el consumo instantáneo pero incrementa el uso del modelo, lo que provoca un incremento del consumo global
Así se formula la paradoja de Jevons. Puede parecer complicada, pero no lo es. Si inventamos coches o aviones menos contaminantes -y desde luego que los coches y aviones de hora contaminan mucho menos que hace una década-, esta mejora no servirá de nada porque en ese tiempo el número de coches y aviones habrá aumentado tanto que, juntos, contaminarán mucho más que antes.
Aplicada al hombre, la paradoja de Jevons cobra un significado curioso. Todos los avances tecno-científicos nos han ayudado a hacer más fácil y rápido nuestro trabajo, de manera que ahora podemos hacer lo mismo que antes pero en mucho menos tiempo (¿cómo sería nuestro trabajo sin un ordenador?). Y ello, en lugar de dejarnos más tiempo libre para hacer otras cosas, ha hecho que cada vez trabajemos más y más, hasta que al final esas mejoras no han servido de nada porque tenemos empacho de pantalla, estrés y ansiedad. Literalmente, nos consumimos en el trabajo.
Pero como suele usarse como argumento por quienes defienden el decrecimiento, sus críticos dicen que este movimiento aboga por detener el avance científico y el progreso tecnológico. En absoluto; no es el sistema el que es malo, sino el uso que estamos haciendo de él.
Hasta ahora podían contarse las personas en una manifestación. 500 según la Guardia Urbana, dos millones según los organizadores. Pero ahora también pueden contarse las personas unidas por sus gustos, aficiones, series favoritas, grupos favoritos, causas perdidas, causas políticas… lo que sea. Sin ir más lejos, ayer supimos del tipo ése que dice haber robado casi medio millón de euros a diferentes bancos. Enric Duran, se llama, y dice que vive en el extranjero. Se ve que es un veterano del movimiento antiglobalización que ahora habla de decrecimiento. Incluso ha editado un diario con páginas salmón (como los de economía, qué ingenioso el tío) explicando su hazaña, esperando ver la respuesta de la gente.
Pues a lo que iba, que me despisto: 48 horas después, el grup de suport de l’Enric Duran ya tiene 362 miembros. No hace falta que venga la urbana a contarlos.
Actualización: ahora son 596 1.078.
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