Copas al calor del frío, leo en la Vanguardia, y me acuerdo entonces de que en Barcelona, justo delante de la playa, también tenemos uno de estos ejemplos de auténtica pornografía energética. ¿Realmente es necesario tomarse copas a -5º delante de la playa? Este tipo de chiringuitos deberían estar prohibidos… excepto en el Polo Norte, por supuesto.
Archivo del Autor de jordi flamarich
Publicado por 4 Julio 2008 en Energía. 0 ComentariosThe World Petroleum Congress is carbon neutral
No pueden ser más cínicos porque no entrenan.
Iba a escribir una entrada explicando cómo las protestas por el encarecimiento del petróleo no sólo están ocurriendo en España (aunque así lo parezca viendo las noticias en este país estrecho de miras), cuando he topado con este mapa en The Guardian que recoge las movilizaciones en el resto del mundo en las últimas semanas:
Como puede verse, las protestas aún no han llegado a Estados Unidos (el principal consumidor de petróleo y donde tener acceso a gasolina barata es poco menos que un derecho fundamental), pero en vista de este otro mapa publicado por el New York Times, donde se aprecia por regiones el impacto de la subida del combustible en las economías familiares norteamericanas, puede que la cosa sea -como siempre- sólo cuestión de tiempo.
Después de pescadores y taxistas, les toca el turno a los transportistas. La fiesta no ha hecho más que comenzar…
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Impresionante (e inquietante) la entrevista que Albert Closas le hizo el martes al geólogo y paleontólogo Eudald Carbonell en La nit al dia de TV3.
Aquí se puede ver el vídeo de la entrevista, aunque no sé por cuánto tiempo estará disponible. La consciència que crema, su nuevo libro, sí que está disponible en las tiendas. Me pido uno.
Me escribe un amigo y me envía un enlace a la BBC en el que se habla de la llegada de barcos con agua a Barcelona para paliar la sequía. El artículo sobre la “seca Barcelona” es a estas horas lo 5º más leído en la web británica, dando de alguna manera la razón a quienes decían que la noticia dañaría la imagen de la ciudad. Los turistas quieren piscinas.
El artículo menciona de pasada el aumento de la población en la ciudad (cinco millones, uno menos que cuando en Catalunya éramos “sis milions”) como agravante del problema. Pongan mucha atención a partir de ahora porque el argumento del exceso de población está desembarcando -nunca mejor dicho- en el discurso.
Pero lo más curioso del artículo de la BBC es que está escrito con el mismo tono desapasionado de quien escribe viendo los toros desde la barrera, permitiéndose el lujo al final de soltar las típicas advertencias de los científicos sobre el cambio climático. El mismo tono que utilizamos aquí cuando hablamos de inundaciones en Birmania o la crisis de alimentos en el mundo. Aunque nuestro caso, en el fondo, sea un poco diferente: se supone que nosotros estamos en el primer mundo, y que estas cosas sólo pasan en los países pobres.
Afortunadamente, aún somos lo bastante “primer mundo” como para pagarnos el agua servida en barcos: 22 millones de euros al mes, más de 3.600 millones de las antiguas pesetas. Veamos cuando dejen de venir turistas y congresistas.
Los objetivos hay que cumplirlos,
dicen desde la Comisión Europea. Los planes de la Unión Europea para los biocombustibles -un 10% del combustible usado por el transporte en 2020- no suponen “un peligro para la producción de alimentos”. La noticia es de hoy mismo, y con estas declaraciones los portavoces de Agricultura y Medio Ambiente de la Comisión Europea han salido al paso de un incómodo informe de la Agencia Europea del Medio Ambiente donde se recomienda suspender este objetivo del 10% hasta que no se realicen más estudios sobre el impacto medioambiental de los llamados “carburantes ecológicos”. La noticia no es nueva -sin ir más lejos, el Parlamento británico pedía exactamente lo mismo a principios de año-, pero la Comisión Europea prefiere hacer caso omiso de las señales de alarma y seguir adelante con sus objetivos.
Así pues, nada importa que en Europa no haya terreno suficiente para cultivar la materia prima de este 10% de biocombustibles, ni que lo que falte se vaya a tener que importar de países donde la sostenibilidad -principio que la UE exige para la producción de biocombustibles en terreno europeo- sea una expresión tan exótica como biodiversidad, o que la mismísima ONU asegure que “producir biocombustibles es hoy en día un crimen contra la humanidad”.
Aquí, como en Estados Unidos, lo que importa de verdad es reducir ni que sea un 10% nuestra dependencia del petróleo. El Brent ha tocado ya los 112 dólares -seguir la escalada de precios del petróleo ha dejado de tener gracia-, y la cosa no pinta nada bien, aunque algunos sigan alegrándose por haber encontrado un “enorme yacimiento de petróleo”. ¿Cuánto nos durará? Y lo que es aún peor: ¿a qué precio? Agárrense, que vienen curvas.

Basta con un par de búsquedas en la red para ver que este par de pies han despertado bastante más interés que lo que han charlado Francia y Reino Unido esta semana. Ahora mismo, 287 a 1.332 resultados a favor de la señora Bruni.
Sarkozy llegó a Londres dispuesto a extender el tentáculo nuclear francés; en Francia, la energía nuclear proporciona el 80% de la electricidad que se consume en el país, cuatro veces más que en Reino Unido. En España, la nuclear aporta el 20% de la energía que mantiene vivo nuestro ordenador, aunque hay que reconocer que no goza de mucha simpatía. Aún así, el propio IPCC contempla la energía nuclear como un remedio -más bien parche- al cambio climático, algo que Europa (excepto Francia, claro) prefiere no escuchar, apostando en cambio por las renovables y los biocombustibles.
Precisamente éste es el argumento de Sarkozy: la lucha contra el calentamiento global exige medidas efectivas como la energía nuclear, que no emite CO2. Los residuos son peligrosos, es verdad, pero las centrales son ahora mucho más seguras que cuando pasó lo de Chernobyl. La energía nuclear es potente, fiable y ecológica, viene a decir Sarkozy.
Así presentada, la propuesta del presidente francés resulta casi tan seductora como los pies de Carla Bruni, aunque no hay que olvidar que lo de la nuclear es un parche, ya que el uranio también es un recurso finito y en unos años habría que pensar en su sustituto. Es verdad que existe eso de la fusión nuclear, pero todavía resulta una quimera.
Según la Wikipedia, “de conseguirse la fusión nuclear controlada a gran escala, una milla cuadrada de agua contendría la misma energía que todos los yacimientos petroleros conocidos y los que se estiman sin descubrir. Pero para eso faltan de 25 a 30 años por lo menos”.
En esto de la lucha contra el cambio climático, Estados Unidos (o mejor dicho, George Bush y su camarilla) ha quedado siempre como el malo de la película. Terco como una mula, el gobierno de Bush se ha negado sistemáticamente a firmar el protocolo de Kioto o a tomar cualquier medida para reducir las emisiones de dióxido de carbono. El argumento de la administración norteamericana es sencillo: combartir el cambio climático puede suponer un freno al crecimiento económico.
Al otro lado del Atlántico, Europa frunce el ceño y asegura que el calentamiento global es un problema serio, una amenaza real a la que hay que poner remedio. Vista la caducidad del protocolo de Kioto, 2012, el Viejo Continente hizo en enero su propuesta formal de renovación: para 2020 tendremos que emitir un 20% menos de emisiones y usar un 20% de energías renovables (más un 10% de biocombustibles).
Ahora toca ponerse manos a la obra, y aunque Europa ha dicho siempre que la protección del medio ambiente no está reñida con la economía -de hecho, puede incluso ser un buen negocio-, la realidad es igual de terca que la mula de Estados Unidos: la UE teme que su política ambiental ahuyente a la industria. El discurso de Bush empieza a entenderse por estos lares… aunque bien pensado, los primeros que se están yendo a pique son ellos, y eso que no adoptan ninguna medida.

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