Archivo de la Categoría 'Cambio Climático'

desde la barrera

Me escribe un amigo y me envía un enlace a la BBC en el que se habla de la llegada de barcos con agua a Barcelona para paliar la sequía. El artículo sobre la “seca Barcelona” es a estas horas lo 5º más leído en la web británica, dando de alguna manera la razón a quienes decían que la noticia dañaría la imagen de la ciudad. Los turistas quieren piscinas.

El artículo menciona de pasada el aumento de la población en la ciudad (cinco millones, uno menos que cuando en Catalunya éramos “sis milions”) como agravante del problema. Pongan mucha atención a partir de ahora porque el argumento del exceso de población está desembarcando -nunca mejor dicho- en el discurso.

Pero lo más curioso del artículo de la BBC es que está escrito con el mismo tono desapasionado de quien escribe viendo los toros desde la barrera, permitiéndose el lujo al final de soltar las típicas advertencias de los científicos sobre el cambio climático. El mismo tono que utilizamos aquí cuando hablamos de inundaciones en Birmania o la crisis de alimentos en el mundo. Aunque nuestro caso, en el fondo, sea un poco diferente: se supone que nosotros estamos en el primer mundo, y que estas cosas sólo pasan en los países pobres.

Afortunadamente, aún somos lo bastante “primer mundo” como para pagarnos el agua servida en barcos: 22 millones de euros al mes, más de 3.600 millones de las antiguas pesetas. Veamos cuando dejen de venir turistas y congresistas.

achicando distancias

En esto de la lucha contra el cambio climático, Estados Unidos (o mejor dicho, George Bush y su camarilla) ha quedado siempre como el malo de la película. Terco como una mula, el gobierno de Bush se ha negado sistemáticamente a firmar el protocolo de Kioto o a tomar cualquier medida para reducir las emisiones de dióxido de carbono. El argumento de la administración norteamericana es sencillo: combartir el cambio climático puede suponer un freno al crecimiento económico.

Al otro lado del Atlántico, Europa frunce el ceño y asegura que el calentamiento global es un problema serio, una amenaza real a la que hay que poner remedio. Vista la caducidad del protocolo de Kioto, 2012, el Viejo Continente hizo en enero su propuesta formal de renovación: para 2020 tendremos que emitir un 20% menos de emisiones y usar un 20% de energías renovables (más un 10% de biocombustibles).

Ahora toca ponerse manos a la obra, y aunque Europa ha dicho siempre que la protección del medio ambiente no está reñida con la economía -de hecho, puede incluso ser un buen negocio-, la realidad es igual de terca que la mula de Estados Unidos: la UE teme que su política ambiental ahuyente a la industria. El discurso de Bush empieza a entenderse por estos lares… aunque bien pensado, los primeros que se están yendo a pique son ellos, y eso que no adoptan ninguna medida.

sin intenciones

Si se fijan bien, en Bali apenas se discute sobre el clima; se discute de desarrollo, de crecimiento, de quién podrá seguir contaminando y cuánto. La comodidad del primer mundo nos la hemos ganado a base de CO2, y es lógico que los países en desarrollo quieran usar ahora esa misma gasolina que nos hizo crecer, la misma que cada vez es más cara y escasa. Y tal vez algún día, puede que de aquí no demasiado, miraremos atrás y veremos que la lucha global por los últimos recursos del planeta empezó negociando sobre el clima….

Pero el reloj no se detiene en Bali, y ya se acerca la hora de la típica declaración de buenas intenciones con la que suelen acaban estas reuniones de “alto nivel”.

Actualización: Ya está, lo volvieron a hacer. El objetivo de la reducción de emisiones (el gran asunto a debatir, ya que Kioto caduca de aquí nada) cayó a un triste pie de página, dejado como siempre a voluntad de los países. Si ésta es la “hoja de ruta” para “un pacto más ambicioso que el Protocolo de Kioto”, el pobre Yvo de Boer lo lleva claro…

decreciendo

Los hechos no dejan de existir porque sean ignorados.

Así se da la benvenida al cenit energético en esta web, donde el visitante tiene la opción de escoger entre dos respuestas a la afirmación anterior. Respondiendo (sí creo que vaya a producirse una crisis energética a nivel global), se llega a crisisenergetica.org, el manual de referencia para los conversos. Si se elige en cambio no (no creo que ocurra ningún problema grave cuando el petróleo desaparezca), el enlace te lleva a otro sitio…

Cenit energético te recibe además con un vistoso videoclip (Toc Toc: ¿Hay alguien ahí?), un observatorio energético e incluso eslógans para la “cultura de la crisis”. Un ejemplo más de campaña en favor del decrecimiento (aquí va otro, y otro), ante un peligro que los políticos definen como “aterrizaje suave” de la economía o “corrección del mercado” mientras nos distraen con los efectos del calentamiento global.

Pero no nos engañemos. A estas alturas de la película, cuesta creer que en Bali se esté discutiendo realmente sobre el clima. O que sea eso mismo de lo que habla Bush en sus convenciones paralelas que ahora quiere boicotear la Unión Europea. La cuestión no es el clima, sino quién va a quemar el resto de lo que queda de energía. Cuando no quede petróleo o éste sea un producto de lujo (como ya lo es, ¿no?), la reducción en las emisiones no va a ser del 25 o 40% como se pretende, sino de mucho más.

  • La foto es de Nueva York hace unos días, una ciudad en la que seguro han oído hablar de derroche energético y contaminación lumínica.
  • semana grande del cambio climático en…

    El IPCC, flamante Nobel de la Paz junto al bueno de Al Gore, se reúne desde hoy y hasta el sábado en Valencia para emitir su informe final, el documento que resumirá años de trabajo científico sobre el famoso cambio climático.

    Esta especie de libro verde del calentamiento global, aseguran, será el punto de partida de las negociaciones en diciembre próximo en Bali, donde se empezará a discutir sobre el futuro post-Kioto. El dichoso protocolo caduca en 2012, y visto lo visto, no parece existir demasiado acuerdo sobre qué hacer después.

    La Unión Europea ya ha puesto su oferta sobre la mesa. En marzo, Merkel, Barroso y compañía plantearon reducir un 20% las emisiones de CO2 para 2020, con posibilidad de llegar a un 30% si el resto de países se subían al carro. También para esa fecha, el consumo de biocombustibles deberá llegar al 10%, y las renovables suponer un 20% del total de energía consumida.

    En el otro extremo del cuadrilátero tenemos a Estados Unidos, cuyo presidente se niega en redondo a hablar de recortar emisiones mientras anda más preocupado por reducir su dependencia del petróleo. Y de público están los países en desarrollo, que se ven venir los molinos de viento de lejos cuando algunos de ellos todavía queman boñigas de vaca en casa para cocinar.

    Con toda seguridad, al IPCC le costará sudores y lágrimas aprobar este informe final. De hecho, alguna de los informes anteriores estuvo a punto de acabar sin acuerdo, y existe el peligroso precedente de la Convención contra la Desertificación, que tras una semana de reuniones en Madrid acabó en papel mojado. Y por si fuera poco, la última reunión de Naciones Unidas sobre cambio climático, celebrada en Nueva York en septiembre, evidenció la incapacidad de nuestros políticos de enviar al mundo “una señal y colectiva” de que se va a hacer algo contra el calentamiento global.

    PD: Por cierto, para el día 15 hay convocado otro apagón contra el cambio climático. Ya sabéis, eso de apagar las luces en casa durante cinco minutos como señal de conciencia ecológica. Lástima que el apagón no se haya convocado para de aquí unas semanas, porque así podríamos evitarnos también el consumo de esos miles de bombillas que se instalan en calles y comercios por Navidad… ¿no se trataba de ahorrar energía?

  • el futuro de Kioto pasa por Valencia.
  • el bueno de Al Gore (II)

    El bueno de Al Gore fue noticia la semana pasada. Nobel de la Paz y Príncipe de Asturias, Gore está en la cresta de la ola. El ex vicepresidente es uno de esos personajes públicos que fácilmente resultan odiosos. Sus detractores (porque los hay), le acusan de forrarse dando conferencias (200.000 euros por el pase de power point), de contaminar volando en su jet privado e impedir el trabajo de los periodistas. Gore no concede entrevistas ni ofrece ruedas de prensa. Tampoco quiere muchas fotos.

    Gore fue noticia la semana pasada porque vino a España a recoger el Príncipe de Asturias de Cooperación. Bueno, vino a eso y también a dar tres conferencias (Palma, Barcelona, Gijón) e impartir una master class en Sevilla a los nuevos reclutas hispanos del “ejército verde”. En siete días ésta fue más o menos la agenda del señor Gore:

    Lunes 22 octubre. Conferencia en Palma de Mallorca durante el X Congreso Nacional de la Empresa Familiar.

    Martes 23. A primera hora de la mañana, conferencia en Barcelona durante la inauguración del Congreso Inmas Forum. Por la noche, conferencia en Berlín durante un congreso del consorcio energético EnBW. También aprovecha el viaje para ver a la cancillera Merkel.

    Miércoles 24. Gore visita Viena para reunirse con el canciller federal austríaco, Alfred Gusenbauer, y pronunciar una charla durante un encuentro empresarial sobre el uso de las nuevas tecnologías para combatir el cambio climático.

    Jueves 25. Por la mañana, conferencia en el Teatro Jovellanos de Gijón dentro del programa de actos de la Fundación Príncipe de Asturias. Después, Al Gore viaja hasta París para reunirse con el presidente francés, Nicolas Sarkozy.

    Viernes 26. De vuelta a Asturias, discurso y recogida del Premio Príncipe de Asturias en Oviedo.

    Sábado 27 y domingo 28. Al Gore forma en Sevilla a 200 españoles elegidos para convertirse en los “nuevos líderes del cambio climático” dentro de The Climate Project, un programa de entrenamiento intensivo impartido por el propio Gore.

    A pesar de tanto acto público, poco se sabe de lo que va diciendo Gore por ahí. Y no me refiero a lo que suelta en sus conferencias (para saberlo basta con ver Una verdad incómoda), sino a lo que tal vez es más interesante: a cada país que visita para dar una charla, Gore es recibido por el presidente de turno. ¿De qué hablará Gore con Sarkozy, Merkel, Zapatero y compañía? ¿Qué consejos les estará dando el gran profeta del cambio climático?

    Su oportuna “mini-gira” europea llegó días antes de que los ministros de medio ambiente de la Unión Europea fijaran la postura del Viejo Continente frente a la próxima reunión de Naciones Unidas en Bali, momento en que se negociará el futuro del protocolo de Kioto.


    En anteriores capítulos: el bueno de Al Gore

    esos autos locos

    En cualquier momento de este otoño, la Generalitat catalana pondrá en marcha el nuevo límite de velocidad para la llamada primera corona de Barcelona (16 municipios que rodean la capital). Serán 80 kilómetros por hora que se tendrán que respetar en carreteras, autovías y autopistas, donde el límite que nadie respeta está ahora en los 120.

    El motivo: corriendo menos con el coche podremos reducir hasta un 25% las emisiones de CO2 de aquí a 2010, incluso un 30% si en la segunda corona (24 municipios más) no se pasa de los 90 kilómetros por hora. La contaminación, además de fastidiar al medio ambiente perjudica la salud, y si la redujéramos ni que fuera un 20% en Barcelona evitaríamos la muerte de 1.200 personas cada año.

    El nuevo límite se aprobó a principios del verano, y ya entonces se puso el grito en el cielo. Se dijo que era una medida recaudatoria (más multas para los sufridos conductores), una burla para los que cada día se chupan atascos (ya querrían ellos circular a 80 por hora de ida o vuelta al trabajo) y una solución inútil al problema de la polución, ya que a 80 kilómetros por hora se consume más que a 100-120, por lo que al final acabaremos contaminando más.

    Esta última afirmación, sin embargo, no es del todo cierta. En la autoescuela nos enseñaron a llevar el coche bien revolucionado para que no se calara nunca, a frenar reduciendo ruidosamente y a apurar las marchas para conseguir la mejor aceleración.

    Definitivamente, un coche consume bastante más si se conduce a 80 km/hora en tercera o cuarta que haciéndolo a 120 en quinta. Pero el caso es que la quinta marcha sirve para algo más que para ir por autopista. De hecho, tal y como enseñan en los cursos de conducción eficiente que promueve el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (el IDAE, dependiente del ministerio de Industria), a partir de los 50-60 kilómetros hora ya se puede meter quinta, y en ese caso sí que se reduce el consumo de gasolina. Y por tanto, se reducen las emisiones.

    Seguir o no estos consejos es una decisión personal (aunque en el fondo se esté hablando de ahorrar dinero en gasolina). Pero donde sí no se va a poder elegir es en el nuevo límite de velocidad. Una medida que, de ser coherentes, debería extenderse a otras ciudades españolas, ya que el sucesor del protocolo de Kioto se nos va a aplicar a todos. ¿O se pensaban ustedes que después de apretar las tuercas a la industria nos íbamos a ir los conductores de rositas?

  • Pinchando en el gráfico se puede llegar hasta el Manual de Conducción Eficiente (PDF) que edita el IDAE en las comunidades que ofrecen estos cursos gratuitos en España (que yo haya visto, Catalunya, Navarra, Valencia, Andalucía, Canarias…).
  • Y otra pregunta: ¿sólo yo pienso que mientras se aprueban medidas para reducir el consumo de energía (en este caso, la gasolina) se publican estudios sobre los peligros del cambio climático y el perjuicio de la contaminación?
  • señales de humo

    Supongo que a estas alturas de la película nadie duda de que Estados Unidos –o mejor dicho, George W. Bushpasa olímpicamente de Naciones Unidas y su estrategia para frenar el cambio climático. El último espisodio de este largo divorcio pasó hace unos días, cuando Bush declinó amablemente asistir la reunión sobre cambio climático convocada en Nueva York por Ban Ki-moon, el secretario general de la ONU.

    Allí acudieron jefes de gobierno de más de 150 países, pero no George Bush, quien sólo se presentó a una “cena de trabajo” para hacerse la foto de rigor. Y eso que Ban Ki-moon lo había citado para mostar al mundo “una señal clara y colectiva” de que se va a hacer algo contra el calentamiento global. Pero el presidente Bush ya se había montado la fiesta por su parte… Continuar leyendo ’señales de humo’

    ra

    Por fin he conseguido ver El Gran Engaño del Cambio Climático (The Great Global Warming Swindle, Google Video, 75 min., subtítulos en español), el polémico documental que emitió el Canal 4 británico en marzo de este año. Polémico porque, como su propio nombre indica, el documental ataca ferozmente la “nueva religión” del calentamiento global.

    La tesis es sencilla: el CO2 no es responsable del cambio climático. Al contrario de lo que se nos dice en las noticias, no existe acuerdo científico sobre qué influye -ni cómo- en el clima del planeta. Pero lo que sí está claro es que no es el CO2, asegura el documental.

    Por otro lado, el hombre sólo emite una pequeñísima parte del CO2 que llega a la atmósfera. Los volcanes, por ejemplo, emiten mucho más dióxido de carbono que toda la industria, coches o aviones que hay en el mundo. Así pues, el hombre no tiene ninguna influencia sobre el clima, por lo que pedir que se reduzcan las emisiones de CO2 (como se debate ahora mismo en la ONU) vendría a ser como negar el progreso. El documental da un paso más y afirma que la “propaganda” del cambio climático es un intento de negarles los beneficios de la modernidad a los países en vías de desarrollo, obligándolos a usar energías renovables.

    Según The Great Global Warming Swindle, quien en verdad rige nuestro clima es el sol, junto con las nubes y los rayos cósmicos. Los argumentos a favor de la teoría son convincentes, con aparición incluida del bueno de Al Gore, cuya película tiene aquí su contrapunto. Aún así, este documental no se ha librado de las críticas, e incluso alguno de los expertos que aparecen en él se ha quejado de la manipulación de sus declaraciones. Son justo los mismos errores que el Gran Engaño denuncia sobre los informes del famoso IPCC, el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de Naciones Unidas.

    Probablemente, la verdad (si es que se puede llegar a saber la verdad última) no esté en ninguno de los bandos. Hay demasiados intereses en juego, y también está el problema energético. Con lo que queda de energía no da para que 6.500 millones de personas lleven el tren de vida occidental. En otras palabras: estamos vendiendo una moto al tercer mundo que nunca podrán montar. Su futuro pasará por otra moto, o no pasará.

  • En la Wikipedia, pero en inglés, hay una extensa entrada sobre The Great Global Warming Swindle, y de la Wikipedia he sacado también la imagen de ra, el dios del sol, “responsable del ciclo de la muerte y la resurrección”.
  • dietas energéticas

    La eficiencia energética es una de las mejores inversiones que podemos hacer,

    aseguran desde el gigante norteamericano de los supermercados Wal-Mart. A principios de año, esta cadena de supermercados abrió su primera tienda “altamente eficiente” en Kansas City, un establecimiento que consume “un 20% menos de energía que el típico centro comercial”. Wal-Mart es el segundo mayor consumidor de energía del mundo, por detrás del gobierno de Estados Unidos.

    Leo en el WSJ que las grandes empresas -grandes consumidoras de energía- se han dado cuenta de que aplicando unas sencillas mejoras pueden ahorrar un buen montón de dinero en la factura de la luz. Con el precio del petróleo, el gas y la electricidad disparándose, usar menos energía puede reducir los costes mejor incluso que recortar plantillas o pagar sueldos más bajos, por lo que la eficiencia energética suena a buena idea, mucho mejor si además se ayuda a combatir el calentamiento global reduciendo de paso las emisiones de CO2.

    Y a propósito del cambio climático: andan estos días reunidos en Viena un millar de delegados de más de 150 países en unas conferencias de Naciones Unidas sobre esta cuestión que tienen que servir de aperitivo de las de Bali (Indonesia) en diciembre próximo, donde ya se empezará a hablar en serio del protocolo que ha de sustituir al de Kioto. En el segundo día de reuniones, Yvo de Boer, secretario de la Convención de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (UNFCCC), ha presentado un informe sobre el coste económico de combatir el calentamiento global (el resumen aquí, PDF en inglés).

    La eficiencia energética es el medio más prometedor para reducir los gases de efecto invernadero a corto plazo,

    ha dicho De Boer durante la presentación del informe.

    Así pues, ya sea por ahorrar dinero o por salvar el medio ambiente, ahora toca ponerse a dieta. El ahorro energético nos afecta a todos (pues todos consumimos energía, todo el día), y por eso hasta el ministerio de Industria español ha puesto en marcha una campaña de ahorro energético entre la población. ¿O acaso pensaban ustedes que esa manía por las bombillas de bajo consumo era gratuita?

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