En esto de la lucha contra el cambio climático, Estados Unidos (o mejor dicho, George Bush y su camarilla) ha quedado siempre como el malo de la película. Terco como una mula, el gobierno de Bush se ha negado sistemáticamente a firmar el protocolo de Kioto o a tomar cualquier medida para reducir las emisiones de dióxido de carbono. El argumento de la administración norteamericana es sencillo: combartir el cambio climático puede suponer un freno al crecimiento económico.
Al otro lado del Atlántico, Europa frunce el ceño y asegura que el calentamiento global es un problema serio, una amenaza real a la que hay que poner remedio. Vista la caducidad del protocolo de Kioto, 2012, el Viejo Continente hizo en enero su propuesta formal de renovación: para 2020 tendremos que emitir un 20% menos de emisiones y usar un 20% de energías renovables (más un 10% de biocombustibles).
Ahora toca ponerse manos a la obra, y aunque Europa ha dicho siempre que la protección del medio ambiente no está reñida con la economía -de hecho, puede incluso ser un buen negocio-, la realidad es igual de terca que la mula de Estados Unidos: la UE teme que su política ambiental ahuyente a la industria. El discurso de Bush empieza a entenderse por estos lares… aunque bien pensado, los primeros que se están yendo a pique son ellos, y eso que no adoptan ninguna medida.

Si como dicen, el mundo se calienta, lo lógico sería que las actuales zonas cálidas del planeta pasaran a ser tórridas y que las zonas frías fueran un poco más templadas. Bajo esta premisa, algunos están hablando ya de los países que saldrán ganando con esto del cambio climático. Tener un invierno suave puede favorecer las cosechas, y un verano soleado puede también atraer al turismo. Por otro lado, el deshielo puede acabar abriendo un atajo para el transporte entre el Atlántico y el Pacífico, además de dejar al descubierto unas reservas de petróleo que buena falta hacen.
Leo en el Washington Post que en la lista de países “ganadores” están Canadá –con un aumento del 220% en el número de turistas para finales de siglo–, Rusia –174% arriba– y Mongolia (122%). Estas predicciones, por eso, deben tomarse con pinzas: hay demasiadas variables en el cálculo del clima.
Aún así, un equipo de Yale ha puesto números a esta teoría mediante el crecimiento (o pérdida) del Productor Interior Bruto e incluso ha hecho un mapa interactivo para mostrar sus resultados. Puedes probarlo pasando por la imagen.
(vía roundup)
Llevo tiempo preguntándome cuál es la postura de las grandes petroleras ante el pico del petróleo. Me resulta imposible creer que no hayan leído ningún artículo en la prensa ni ninguno de los libros que incluso yo me estoy leyendo, ni visto un documental en la tele u ojeado un triste informe alertando sobre el fin del petróleo. Según tengo entendido, el poder de las petroleras (las cantidades industriales de dinero que ganan cada año) sólo puede conseguirse conociendo muy bien cómo funciona el mercado. En mi opinión, si hay una industria que personalice el capitalismo salvaje –siempre beneficios, crecimiento infinito a cualquier precio– ésa es la petrolera, dispuesta hasta a montar una guerra para conseguir su materia prima.
Por eso, no me creo que las grandes petroleras no tomen en consideración el pico del petróleo. Sus dirigentes tienen que mirar siempre por su bien (y quién no), y la posibilidad de quedarse sin petróleo algún día tiene que animarlos sin duda a buscar otras oportunidades de negocio. Cuando leo acerca del pico del petróleo, las petroleras se describen a menudo como viejos locos y avariciosos incapaces de ver más allá del beneficio a corto y medio plazo. No sé, a mí esa imagen no me cuadra con alguien que ha llegado tan lejos en dominar el mundo. Continuar leyendo ‘oportunistas del negocio’
Sir Nicholas Stern, asesor económico de Tony Blair y expezgordo del Banco Mundial, publicó a finales del año pasado un informe en el que analizaba el impacto económico del cambio climático. Decía que si en el plazo de una década a 20 años no se tomaban decisiones radicales para minimizar el impacto del calentamiento global, sus efectos nos iban a costar mucho dinero. ¿Cuántos años tendrás tú de aquí 10 años? Yo 39.
Stern afirma en su informe que los daños derivados de los desastres naturales nos costarán no menos del 5% del PIB mundial cada año. En 2006, el PIB mundial fue de 46 billones de euros, por lo que el calentamiento global nos podría costar 2,3 billones al año. Y eso en el mejor de los casos, ya que Stern advierte que “el daño podría aumentar al 20% o más”. Es decir, más de nueve billones de euros en pérdidas al año, casi lo mismo que vale el Producto Interior Bruto de Europa o Estados Unidos.
A pesar de la terrible advertencia (perder un 20% del PIB global al año es en verdad estar en recesión), la economía se resiste a tomar medidas contra el cambio climático: los gobiernos de los países industrializados interpretan la lucha contra el calentamiento global como un obstáculo al perpetuo crecimiento económico, el verdadero motor de la sociedad moderna. Continuar leyendo ’ser o crecer’
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