desde la barrera

Me escribe un amigo y me envía un enlace a la BBC en el que se habla de la llegada de barcos con agua a Barcelona para paliar la sequía. El artículo sobre la “seca Barcelona” es a estas horas lo 5º más leído en la web británica, dando de alguna manera la razón a quienes decían que la noticia dañaría la imagen de la ciudad. Los turistas quieren piscinas.

El artículo menciona de pasada el aumento de la población en la ciudad (cinco millones, uno menos que cuando en Catalunya éramos “sis milions”) como agravante del problema. Pongan mucha atención a partir de ahora porque el argumento del exceso de población está desembarcando -nunca mejor dicho- en el discurso.

Pero lo más curioso del artículo de la BBC es que está escrito con el mismo tono desapasionado de quien escribe viendo los toros desde la barrera, permitiéndose el lujo al final de soltar las típicas advertencias de los científicos sobre el cambio climático. El mismo tono que utilizamos aquí cuando hablamos de inundaciones en Birmania o la crisis de alimentos en el mundo. Aunque nuestro caso, en el fondo, sea un poco diferente: se supone que nosotros estamos en el primer mundo, y que estas cosas sólo pasan en los países pobres.

Afortunadamente, aún somos lo bastante “primer mundo” como para pagarnos el agua servida en barcos: 22 millones de euros al mes, más de 3.600 millones de las antiguas pesetas. Veamos cuando dejen de venir turistas y congresistas.

objetivos

Los objetivos hay que cumplirlos,

dicen desde la Comisión Europea. Los planes de la Unión Europea para los biocombustibles -un 10% del combustible usado por el transporte en 2020- no suponen “un peligro para la producción de alimentos”. La noticia es de hoy mismo, y con estas declaraciones los portavoces de Agricultura y Medio Ambiente de la Comisión Europea han salido al paso de un incómodo informe de la Agencia Europea del Medio Ambiente donde se recomienda suspender este objetivo del 10% hasta que no se realicen más estudios sobre el impacto medioambiental de los llamados “carburantes ecológicos”. La noticia no es nueva -sin ir más lejos, el Parlamento británico pedía exactamente lo mismo a principios de año-, pero la Comisión Europea prefiere hacer caso omiso de las señales de alarma y seguir adelante con sus objetivos.

Así pues, nada importa que en Europa no haya terreno suficiente para cultivar la materia prima de este 10% de biocombustibles, ni que lo que falte se vaya a tener que importar de países donde la sostenibilidad -principio que la UE exige para la producción de biocombustibles en terreno europeo- sea una expresión tan exótica como biodiversidad, o que la mismísima ONU asegure que “producir biocombustibles es hoy en día un crimen contra la humanidad”.

Aquí, como en Estados Unidos, lo que importa de verdad es reducir ni que sea un 10% nuestra dependencia del petróleo. El Brent ha tocado ya los 112 dólares -seguir la escalada de precios del petróleo ha dejado de tener gracia-, y la cosa no pinta nada bien, aunque algunos sigan alegrándose por haber encontrado un “enorme yacimiento de petróleo”. ¿Cuánto nos durará? Y lo que es aún peor: ¿a qué precio? Agárrense, que vienen curvas.

cortina de bruni

Basta con un par de búsquedas en la red para ver que este par de pies han despertado bastante más interés que lo que han charlado Francia y Reino Unido esta semana. Ahora mismo, 287 a 1.332 resultados a favor de la señora Bruni.

Sarkozy llegó a Londres dispuesto a extender el tentáculo nuclear francés; en Francia, la energía nuclear proporciona el 80% de la electricidad que se consume en el país, cuatro veces más que en Reino Unido. En España, la nuclear aporta el 20% de la energía que mantiene vivo nuestro ordenador, aunque hay que reconocer que no goza de mucha simpatía. Aún así, el propio IPCC contempla la energía nuclear como un remedio -más bien parche- al cambio climático, algo que Europa (excepto Francia, claro) prefiere no escuchar, apostando en cambio por las renovables y los biocombustibles.

Precisamente éste es el argumento de Sarkozy: la lucha contra el calentamiento global exige medidas efectivas como la energía nuclear, que no emite CO2. Los residuos son peligrosos, es verdad, pero las centrales son ahora mucho más seguras que cuando pasó lo de Chernobyl. La energía nuclear es potente, fiable y ecológica, viene a decir Sarkozy.

Así presentada, la propuesta del presidente francés resulta casi tan seductora como los pies de Carla Bruni, aunque no hay que olvidar que lo de la nuclear es un parche, ya que el uranio también es un recurso finito y en unos años habría que pensar en su sustituto. Es verdad que existe eso de la fusión nuclear, pero todavía resulta una quimera.

Según la Wikipedia, “de conseguirse la fusión nuclear controlada a gran escala, una milla cuadrada de agua contendría la misma energía que todos los yacimientos petroleros conocidos y los que se estiman sin descubrir. Pero para eso faltan de 25 a 30 años por lo menos”.

achicando distancias

En esto de la lucha contra el cambio climático, Estados Unidos (o mejor dicho, George Bush y su camarilla) ha quedado siempre como el malo de la película. Terco como una mula, el gobierno de Bush se ha negado sistemáticamente a firmar el protocolo de Kioto o a tomar cualquier medida para reducir las emisiones de dióxido de carbono. El argumento de la administración norteamericana es sencillo: combartir el cambio climático puede suponer un freno al crecimiento económico.

Al otro lado del Atlántico, Europa frunce el ceño y asegura que el calentamiento global es un problema serio, una amenaza real a la que hay que poner remedio. Vista la caducidad del protocolo de Kioto, 2012, el Viejo Continente hizo en enero su propuesta formal de renovación: para 2020 tendremos que emitir un 20% menos de emisiones y usar un 20% de energías renovables (más un 10% de biocombustibles).

Ahora toca ponerse manos a la obra, y aunque Europa ha dicho siempre que la protección del medio ambiente no está reñida con la economía -de hecho, puede incluso ser un buen negocio-, la realidad es igual de terca que la mula de Estados Unidos: la UE teme que su política ambiental ahuyente a la industria. El discurso de Bush empieza a entenderse por estos lares… aunque bien pensado, los primeros que se están yendo a pique son ellos, y eso que no adoptan ninguna medida.

tirando de visa

El próximo 15 de marzo se celebra el Día Mundial del Consumidor (aunque podría serlo cualquier otro), y la gente de canalsolidario.org ha montado un blog colectivo -¿Consumes o te consumen?- para convertirnos en consumidores/as “más responsables”. Gente como Intermón Ofxfam, Comercio Justo, Greenpeace y Adena entre otros proponen un Plan de 15 días para consumir menos y mejor.

El espacio nace además con vocación participativa, y pide a los lectores que aporten ideas y trucos caseros “para reducir el consumo de energía”. Aprovechando Google Maps, los usuarios pueden por ejemplo localizar en su ciudad tiendas de comercio justo o asociaciones, y el blog permite también el envío de vídeos y fotos.

Todo muy 2.0, como debe ser, y ejemplo de coordinación de movimientos sociales -reuniendo ideas- a través de la red. ¿Consumes o te consumen?

¿quién tiene el petróleo?

En este mapa, el tamaño de los países es proporcional a sus reservas de petróleo, y el color se corresponde a su consumo diario de barriles. ¿Adivinan quién consume más? Una pista: es más pequeño que Nigeria.

Los datos son de 2004, por lo que andan un poco anticuados. También los de consumo, ya que China hace un par de años que ya es del mismo color que Estados Unidos; Rusia también ha cambiado.

También resulta curioso ver cómo reencuadrando el mapa con los países más grandes te sale una zona del mundo de la que no se habla muy bien en el resto.

  • CivicActions vía Microsiervos.
  • un Cayenne mola más

    Ahora que la gente se preocupa cada vez más por el medio ambiente, por las emisiones de CO2, por el cambio climático, por el derroche y el despilfarro, a Telefónica no se le ocurre otra cosa que regalar un Porsche Cayenne al día.

    Según el IDAE, el Cayenne que menos contamina está por encima de los 300 gramos de CO2 por kilómetro, muy lejos de los 120 gramos marcados por la UE como objetivo para 2012. Y eso sin hablar de su consumo, de 12,9 litros/100 km.

    Un disparo en el pie en toda regla. Mola.

  • Consulta cuánto CO2 emite tu coche en la web del IDAE.
  • Los todoterreno, un “icono de la insostenibilidad
  • el primer paso

    Como suele decirse, reconocer un problema es el primer paso para solucionarlo. Pues bien, por primera vez, una de las cuatro grandes petroleras privadas del mundo -en este caso, Shell- ha reconocido que la producción de crudo tocará techo en 2015. Es decir, de aquí a tan sólo siete años.

    La noticia la he podido leer hoy en un medio generalista como La Vanguardia, aunque crisis energética la publicaba ya el viernes recogiendo y ampliando un artículo del Times. Las dudas para los escépticos deberían empezar a disiparse.

  • Bonus track: A Crude Awakening, The Oil Crash (Google Vídeo, 1h 22min, en inglés).
  • la cola del pez

    Con el objetivo de mantener todos esos millones de coches en marcha y al mismo tiempo reducir las emisiones de CO2, el mundo se halla metido de lleno en la producción de biocombustibles, esa “maravilla ecológica” que además conseguirá reducir nuestra dependencia del petróleo. Sin embargo, no está muy claro que la medicina que supone el nuevo crudo del siglo XXI vaya a ser mejor que la enfermedad.

    El Parlamento británico acaba de presentar un informe en el que pide a la Unión Europea que deje de fomentar el uso de biocombustibles, al menos hasta que se asegure de que su producción no va a resultar aún peor que el daño medioambiental que pretende evitar.

    Las ventajas de los biocombustibles son bien conocidas: proceden de una fuente renovable (caña de azúcar, soja, maíz, remolacha…) y producen mucho menos dióxido de carbono cuando se queman, lo que ayudará a reducir el calentamiento global. También crean nuevos puestos de trabajo en la agricultura, permitiendo a los países más pobres salir de la pobreza.

    Pero ¿y los inconvenientes? Aparte de la deforestación de bosques y selvas para conseguir terreno en el que plantar estos cultivos energéticos (lo que de paso elimina una importante vía para la absorción natural del CO2 en la atmósfera) y de su efecto sobre el precio de los alimentos básicos, muchos de los defensores de los biocombustibles parecen olvidar que toda la maquinaria necesaria para cosechar, trasladar y transformar estos cultivos depende de la gasolina de toda la vida, el petróleo. Todo ello sin olvidar que el abono y los pesticidas necesarios para conseguir que crezcan a toda velocidad resistiendo las plagas también se obtienen a partir del crudo.

    De esta manera, y mientras no se encuentre otra manera de alimentar la maquinaria necesaria para su producción, lo que se está haciendo es cambiar petróleo por biocombustible, lo que, cual pez que se muerde la cola, nos deja prácticamente en el mismo punto de partida. Un poco más hambrientos, si cabe.

  • Biocombustibles: mito o realidad (un PDF largo, pero completo)
  • a hundred bucks

    ¿Sabéis qué? Vuestro abuelo, o sea, yo mismo, fue el primero en comprar un barril de petróleo a 100 dólares…

    El récord de los 100 ya está ahí, listo para ser superado, aunque según parece la historia que hay detrás de este hito es aún más increíble que la escalada de precios del petróleo.
    Puedes leer la noticia original (en inglés) en la BBC o su eco en castellano en el País (el diario digital que cita pero no enlaza).